En la parroquia de Iztapa, Escuintla, la vida pastoral tiene un rostro particular. Su ubicación, en el litoral del Pacífico, entre Monterrico y Puerto San José, reúne comunidades diversas y también a personas que llegan desde otros lugares para pasar sus vacaciones.
Al frente de esta comunidad está el padre Elmer Rodríguez (UNAV, 2021), quien acompaña la vida de 19 comunidades, grandes y pequeñas, con una misión pastoral que se adapta a las características de cada una.
Una parroquia de comunidades diversas
La parroquia atiende aproximadamente entre 3,000 y 4,000 fieles. En sus comunidades se impulsan distintas áreas de la pastoral, entre ellas la familiar, la juvenil y la pastoral social.
Es una realidad dinámica. Durante fechas como Semana Santa, Navidad y Año Nuevo, la cantidad de personas que participa en la vida parroquial puede duplicarse o incluso triplicarse. Para el padre Elmer, esto también significa intensificar el acompañamiento y multiplicar la labor pastoral.
A esta realidad se suma la presencia de personas que visitan la zona desde la capital y otros lugares del país, especialmente quienes tienen casas de descanso.








Una misión que va más allá de la parroquia
Su servicio pastoral también incluye la atención de la pastoral del mar, una responsabilidad especialmente vinculada a las comunidades que viven a orillas del océano.
Esta cercanía con el mar hace que la labor pastoral tenga una dimensión muy concreta: estar cerca de las personas, de sus familias y de las realidades que forman parte de su vida cotidiana.
El trabajo del padre Elmer se desarrolla así entre comunidades distintas, celebraciones, visitas y encuentros que permiten acompañar a las personas allí donde se encuentran.










Encontrarse con la fe de formas inesperadas
Una de las experiencias que recuerda ocurrió durante la bendición de una casa ubicada en una zona de descanso. Allí encontró una imagen de la Virgen María, Reina de la Paz, que le recordó su visita a Medjugorje.
Tiempo después, recibió una invitación para celebrar una misa en ese mismo lugar. Aunque la celebración sería temprano y no era habitual que le solicitaran misas a esa hora, decidió hacer el esfuerzo y acudir.
Al llegar, se encontró con una sorpresa que no esperaba. Una de las personas que estaba allí le anunció que también participaría una de las videntes de Medjugorje. La jornada terminó con el rezo del Santo Rosario, la celebración de la Eucaristía y un encuentro de fe.
Para el padre Elmer, aquella experiencia fue especialmente significativa. Después de haber estado en Medjugorje, encontrarse con una de sus videntes en estas tierras fue un momento inesperado y profundamente memorable.

Una pastoral cercana a las personas
La experiencia en Iztapa muestra una parroquia viva, con comunidades distintas y necesidades diversas. También muestra una labor pastoral que no se limita al templo, sino que sale al encuentro de las personas y acompaña sus realidades.
Cada comunidad, cada celebración y cada encuentro se convierten así en una oportunidad para estar presente y seguir construyendo, desde la fe, una Iglesia cercana a las personas.











