Es difícil olvidar Roma. El Papa está muy cerca, se puede rezar el Ángelus con él y, si se tiene un poco de suerte, es posible saludarlo. Roma es también donde la universalidad de la iglesia católica se hace aún más patente.
Estudiar en Roma es, sin duda, una oportunidad para “servir mejor a la Santa Iglesia”, así lo reconoce el padre Carlos Zet. Su viaje para estudiar Comunicación Institucional becado por la Asociación para los Estudios Humanísticos (AEH), inició recibiendo clases de italiano en línea a las tres de la mañana. La pandemia por la COVID-19 mantenía cerradas las fronteras de Guatemala y no pudo recibir el curso intensivo de forma presencial. Un tiempo después, cruzó las puertas de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (PUSC) y encontró un programa académico exigente que llevaba 15 días de haber iniciado. Ponerse al día en las materias y en el idioma fue complejo, pero lo logró. Aún recuerda cuando algunos profesores le preguntaban en clase: “¿Y qué dice el guatemalteco?”



Fieles y amigos pudieron “acompañarlo” durante sus tres años en Roma, gracias a sus fotografías. Con su lente capturó la grandeza de la Ciudad Eterna. Y fue además, una herramienta para cumplir con el requisito práctico que exige la licenciatura en Comunicación Institucional.
Cuando concluyó sus estudios, el padre Carlos había sumado muchísimo aprendizaje y una nueva familia: un grupo de sacerdotes amigos de quienes fue difícil separarse.

Al volver a Guatemala se presentó ante su obispo y fue enviado a una parroquia de Zaragoza, Chimaltenango, en la que estuvo por corto tiempo. Uno de los momentos que más lo emocionaron a su regreso, fue volver a ver llena de fieles la iglesia y celebrar la santa misa. “Estaba feliz, pero luego de cierto tiempo el obispo me pidió que viniera a trabajar al seminario menor en Sololá”. Ahora sirve como rector y es responsable de la formación de 33 seminaristas.
El padre Carlos dice que llegar al seminario menor fue como volver al punto de partida. Fue aquí en donde hace 13 años tuvo su experiencia pastoral antes de ordenarse. En este lugar compartió y aprendió de un sacerdote que ya está en el cielo.



Además de apoyar a los seminaristas en esta etapa de discernimiento, el padre Carlos también acude a compartir con grupos de jóvenes de las parroquias a las que lo invitan. Les habla sobre las redes sociales, de los retos y peligros que encierran. “Ahora me toca devolver esta caridad que tuvieron conmigo. La oportunidad de ir a estudiar se traduce en ponernos al servicio de la iglesia”.
Durante los tres años que estuvo en Roma se comunicaba regularmente con sus benefactores: un matrimonio que apoya al programa de becas sacerdotales de la AEH. Rezaba siempre por sus intenciones y les contaba a dónde iría a hacer su labor pastoral durante la Semana Santa y las vacaciones. Esa cercanía se hizo aún más estrecha cuando volvió a Guatemala y se reunió con ellos. “Tengo mucha gratitud en el corazón por lo que hacen los benefactores y la asociación. Facilitar esta experiencia a los sacerdotes es para estar agradecido eternamente. Son parte de esa evangelización que nos pide el Señor. Sigo pidiendo al Señor bendiciones sobre los benefactores, para que continúen apoyando este programa de becas, que tanto bien hace a la Iglesia”.











